El Pic du Midi es más que una cumbre. Prepara el escenario: terrazas, observatorio, luz nítida, silencio poco frecuente.
Desde La Mongie, el teleférico sube rápidamente a la montaña. Allí arriba, el panorama se extiende a lo largo y ancho: crestas, valles, las cumbres de Aragón. El observatorio cuenta la aventura científica, el sol, los instrumentos y los hombres que construyeron este lugar. Luego viene el pontón en el cielo: un paso, el vacío bajo los pies y esa clara emoción que marca la visita.
Por todas partes, la Reserva Internacional de Cielo Oscuro nos recuerda que la noche forma parte de nuestro patrimonio. Cuando el sol se pone, el cielo toma el relevo y crea el espectáculo más bello.
En verano, la cima también ofrece una opción poco común: bajar en bicicleta de montaña desde el Pic. Se empieza por encima del resto del mundo, con rocas, horquillas, luz dura y luego el valle cerrándose. Una ruta exigente, reservada a los ciclistas de montaña que se sienten muy cómodos en terreno montañoso; se recomienda casco integral y protecciones sólidas.





















