A medida que el agua fluye
una forma diferente de caminarMás despacio. El ritmo cambia al borde del agua. Bordea caminos, atraviesa valles, salta bajo puentes, corta el césped y llena el aire de un frescor instantáneo. Te atrae en los descansos, alivia la tensión y suaviza el ritmo del día.
Después de unas cuantas horas al aire libre, a veces lo único que necesitas es que te den a mano. Quítese los zapatos, deje que el frío crujiente del agua le sorprenda los pies y quédese allí unos instantes, entre el cansancio y el alivio. La montaña adquiere entonces otra dimensión, más sencilla, más física, casi instintiva.































