Enclavada bajo el pueblo, la abadía benedictina de Tournay alberga una comunidad de monjes activa y acogedora. Aquí reina el silencio, propicio a la meditación y la contemplación.
Los visitantes están invitados a pasear por el recinto, participar en retiros espirituales o simplemente detenerse en la tienda, donde sus deliciosas gelatinas de frutas, elaboradas in situ, son una delicia para los gourmets. Un interludio atemporal.






















