En Saint-Lary o en el Grand Tourmalet, en cuanto se vacían las pistas de esquí, comienza una nueva aventura. Una vez puesto el sol, la suave luz del final del día ilumina las cumbres nevadas.
Tras una rápida sesión informativa sobre seguridad… ha llegado el momento. Casco puesto, guantes puestos, lanzas tu máquina hacia la blanca extensión. El rugido de tu moto de nieve resuena en las montañas y te lanzas por las blancas laderas, maniobrando con sorprendente facilidad. La nieve cruje bajo tus esquís mientras recorres las extensiones desiertas, guiado por la luz mortecina del crepúsculo. ¡El dominio es tuyo!






